Advertencia:

Creo que todo lo que se pueda decir sobre cómo hacer lo de Pararse Ahí Para Decir Cosas puede ser refutado con la acción en cualquier momento. Lo que sigue son mis reflexiones acerca de los recursos que, desde la intuición, creo que ayudan a construir un momento en vivo que valga la pena, la plata de la entrada/gorra, la birra que acompaña o lo que sea que se invierta.

La Persona Que Se Para Ahí tiene el gran desafío de cautivar para que se produzca la endeble ilusión de que lo que tiene para decir es importante, es urgente y es vital para lxs que están escuchando. Y digo ilusión porque por suerte no es del todo cierto, o nos explotaría la cabeza, pero es lo suficientemente verdadero como para justificar la ridiculez de hablar a un volumen socialmente inaceptable.

Pero si el texto no se escucha  o no se entiende (salvo cuando el propósito sea ese, por alguna razón dramática), se va todo al carajo. El volumen y la modulación no reemplazan al contenido, pero son muy necesarios. Hay una tendencia al grito como sustituto de la intención; Tinelli se llenó de oro con eso, los culos y los monopolios. Gritar es un recurso más; si es lo único que hay se vuelve aburrido y molesto, y muestra una hilacha horrible. De paso incluyo lo de conocer más o menos el lugar en el que se va a Decir Cosas, tener en cuenta el espacio, conocer a el/la sonidista, saber usar el micrófono, básicos que aumentan el conteo de palabras de esta nota que, dice El Editor, tiene que llegar como a mil.

Volviendo al punto, decir y que se entienda es para mí tan importante como callarse. Veo el leer en voz alta o recitar, como algo musical. El texto tiene una melodía y si tuviera partitura, estarían escritos también los silencios.

En una una entrevista, Billy Crystal le cuenta a Jon Stewart varias anécdotas sobre sus comienzos como comediante. Destaca que la madurez profesional le permite ahora disfrutar más del silencio del público que de las risas, en oposición a una vida buscando la droguita de la respuesta convencional. Dice del silencio: “es el momento en que lxs tenés ahí”.

Asumo, con la impunidad que me da la primera persona, que hemos superado la estupidez maniquea de oponer poesía a humor.

El silencio del que habla la señora Billy Crystal, es un placer para cualquiera que se Pare a Decir Cosas, sea comediante, poeta, rapero o vendedor ambulante, y las diferencias que hay entre estos oficios se diluyen en el momento de la satisfacción onanista de sentirse el centro de una galaxia dinámica en las que todos los cuerpos proponen y disponen  por igual.

El Registro

Creo fervientemente en el entrenamiento de una parte observadora que mientras el resto del cuerpo está probando, divirtiéndose, diciendo, se ocupa de recibir críticamente la respuesta energética (¿?) de lxs que están escuchando. Por ahí no sale bien de entrada, y ciertamente mejorará con el correr de los fracasos. Vale decir que si algo no funcionó se cambia para la próxima.

Me detengo en el “funciona”. Nada en este proceso de corrección tiene que ver con la condescendencia o con la pacificación del asunto. Las modificaciones no se hacen para que la gente se sienta más a gusto o unx agrade más, sino más bien son en función de hacer ese momento distinto a todos los otros, de lograr comunicación entre las partes, de construir el vivo. Armar un momento de puro presente es un lujo que tenemos tanto en el escenario como fuera de él.

Vi mil veces a Alejandro Berón Díaz, el maestro del silencio, capaz de lograr los vivos más conmovedores de este lado del Ecuador. Ale tiene una capacidad magnífica para reducir tu experiencia a ese segundo en que hizo ese gesto, te borra por completo todo pasado y todo futuro porque estás enganchadx a su acción, a su decir, razón por la cual te quedás en silencio hasta que te reís o llorás o aplaudís.

No he charlado con él sobre su técnica, pero me gusta imaginarlo recordando la última perfo, rearmándola en su hermosa cabeza alienígena y decidiendo cambios minúsculos y precisos para la próxima, a ver qué pasa.

Audacia

El público es un ente ultraperceptivo, capaz de oler el miedo y festejar que se supere. Si pensás en centavos, te pagará centavos con gusto. Pero si te estirás un poco por fuera de tus límites, por ahí sale como el culo (de ahí lo de modificar para la próxima) o quizás encuentran todxs algo genial que hizo valer el tiempo puesto en juego.

Ser audaz es muy distinto a ser pelotudx; confío en general en que Lxs Que Están Escuchando a la Persona Que Dice Cosas, reconocen la diferencia. Si te bajás y el consenso es que sos un/a/e pelotudx, probablemente tengas que dirigir tu audacia a otros terrenos.  Y para la gente que dice que “no te tiene que importar lo que digan los demás”, recomiendo ponerse un locutorio, que la valoración personal no está puesta en la audiencia, pero sí es la audiencia la que juzga si lo que vio estuvo bueno o no.

Los parámetros de Lxs Que Escuchan son diferentes a los de Lxs Que Dicen Cosas. Subirse siempre es mejor que no hacerlo. Se gana todas las veces que se descubre algo, incluso si lo que se descubre es haber tenido un público de mierda.

Por último, soy demasiado neurótica como para recomendar “divertirse” como motivación. Pero me resulta imperativo la búsqueda de un disfrute aunque sea retorcido. Así que profesionalizar las inseguridades personales o hacer de ellas un hobby tiene que gustarte aunque, debo admitir, creo que el gusto también se entrena.

Comentarios

comentario(s)