Alrededor de Shannon

Martín Dubini

Blatt & Ríos

Diciembre de 2015 / 120 págs.

Se tiene la idea de que, si bien el narrador en los géneros de ficción no se corresponde con la persona del autor, en la poesía el yo lírico sí coincide con la persona que escribe. Esto es también una falsedad. El yo lírico es una construcción literaria al igual que un narrador, y tiene más o menos elementos ficcionales de acuerdo al estilo del autor. Muchas veces la primera persona típica de muchos subgéneros de poesía nos confunde, pero se supone que un poema escrito en primera persona está pensado así para que pueda ser “hablado” por todo lector.

Siguiendo esta línea de pensamiento, Martín Dubini construye un texto único para el género poético, ya que utilizando la prosa y un yo lírico absolutamente ficcional (una especie de soldado yanqui en guerra, a la vez desertor, totalmente extemporáneo, border, por momentos psiquiátrico, por momentos enajenado o desertor, adolescente, adulto, con exabruptos dignos de un pibe argentino del Gran Buenos Aires, por momentos hipster o exageradamente moderno), teje una serie de falsa correspondencia monologal en la que se construye de a retazos una historia de amor fallida, destruida, luego imposible o también desde el principio inexistente.

Alrededor de Shannon es una antología de cartas sentimentales que Steve, el yo lírico elegido, le escribe a Shannon, a la distancia, que nunca se termina de entender cuánta es. Shannon jamás contesta y -más allá de algunas intromisiones de “los amigos de Steve” que tienen voz en una o dos cartas- representa la ausencia absoluta de contención. Contención psicológica, afectiva, humana, contención terrenal que busca Steve infructuosamente.

El texto hace nido en lo bizarro pero nunca abandona lo poético, y las imágenes que construye Steve para describir sus sentimientos son de las cosas más originales que pueden leerse en poesía entre autores de nuestra generación. Trabaja el autor de alguna manera con el consumo irónico que tanto espacio tiene en los últimos años (redes sociales, medios de comunicación, modas, estéticas, fanatismos, etc.), puesto que logra una poesía del antihéroe lírico. Efectiva, con mucho humor pero también profunda y dolorosa, porque todos nos reconocemos un poco en ese niño-adulto frustrado.

Renovar la literatura puede ser una tarea difícil o imposible, pero Dubini elige alejarse exponencialmente de su contexto y su época, para traernos la dura realidad de que una ficción puede hablarnos al corazón conjugando idioma “guachín”, imágenes poéticas fuertes y contundentes, humor, lenguaje tecnológico, ironía, sinsentido y guiños constantes a un inglés malhablado pero en un tono exageradamente polite. Alrededor de Shannon es un libro extremadamente divertido y a la vez existencialista, porque te deja parado en el lugar en el que “vacío” puede llegar a ser un halago. Somos menos todavía que eso. Steve lo sabe… y te lo expresa mientras sufre un “núcleo de gilada exagerada en estado de proliferación imprudente”. O como cierra una de sus cartas a Shannon: “Estoy en posición fetal. Y te lo juro, no estoy naciendo”.

Crudas

Paz Busquet

Audisea

2015 / 68 págs.

Con la palabra “crudas” abre su obra la escritora Paz Busquet. Su primer libro tiene cuatro partes y habla de (al menos) dos femineidades sin cocer. Adentrándose en la primera serie del libro, “Paisajes de infancia”, lo lógico es sentir que ese plural refiere a ella y su(s) hermana(s), núcleo temático de los primeros poemas: escenas en miniatura de la niñez.

Pasando a la segunda parte, la más contundente del libro, vemos que la crudeza se expande. No sólo refiere al yo lírico femenino y a sus hermanas, también a cada una de las niñeras que las cuidaron a lo largo de la infancia. “Niñeras” tiene un poema dedicado a cada una de estas mujeres, fuente de enseñanzas, decisiones bien y mal tomadas, marcas, impresiones que ya no van a poder borrarse de la vida de niña que inevitablemente crece. Crudas también, como espadas desenvainadas.

Los poemas de Paz se caracterizan por ser concisos, llegan sin cocción previa, sin maquillaje, sin nada que colabore con la digestión, evitando adrede desde la escritura esos vicios estéticos que muchas veces achatan la poesía actual. Quedan en la boca las escenas difíciles de tragar y dejan un sabor difuso, imposible de describir: “Fuiste mi chica / de tapa porque no quisiste / ser madre, ni puta, ni loca. / Más que limpia y bonita, / tenías a todos en la lista / que querías escribir: / el sordo, el policía, el secreto, / el que no sabía / que se enamoró de vos. / Me enseñaste a maquillar / sin pintura, a vestir sin plata / a tratar a los tipos, / a usarlos y dejarlos ir. / […] Saliste a escondidas / con un amigo de la familia. / Develaste ese secreto / cuando me enseñaste / que el agua del mate / no tenía que hervir, / que no es vergüenza / calentarse y calentar. / No hay que pagar / el orgasmo con hijos, / el placer con maridos”. (del poema “Zully”).

Las últimas dos series, “Matar y morir” y “Prioridades y olvidos”, giran sobre otros temas pero remarcan una visión muy personal y un imaginario poderoso. Hasta un corte de pelo puede verse desde un lugar único con los ojos de Paz: “Deslizá las tijeras por mi cabeza / voy a tocar con el cráneo el aire y la lluvia”. Crudas son todas las experiencias y mujeres que viven adentro de una voz compleja, de un solo cuerpo y se reparten en tantos poemas.

En el poema “Voces”, se ensaya indirectamente una razón de esta vida interna sobrepoblada: “De chica escribía cartas a mis hermanas, / me hacía pasar por duendes. / […] No sé por qué busqué seres / que hicieran hablar a mis voces, / rincones donde esconder deseos / ajenos presentes todos en mí, / si para salvarme de la multiplicidad / o para no privar a mis hermanas / del poder de la correspondencia”. Y otro ensayo, una explicación más que también queda cruda: “Somos demasiado livianas / fantasmas que no pesan un kilo / carne animal”.

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