Bangkok, Tailandia, marzo de 2015

Acabamos. Ella arriba, yo abajo, ella está desnuda salvo por un chaleco de lentejuelas thai que compramos en el Jatujak Market. Es el segundo polvo del día. La miro desde abajo y pienso que es la mujer más linda del mundo. No es la mujer más linda del mundo. Lo sé. Pero yo la veo así y sé que soy yo el que la ve así. Estoy hasta las manos. Lo estuve cuando la conocí hace ocho años, lo seguí estando cuando me dejó, cuando me hizo mierda y cuando dejó de atenderme el teléfono. Seguí hasta las manos cuando volví a verla, más grande, más golpeada, con las cicatrices a la vista.

Estamos llenos de chivo. Hace 38 grados todo el día. Más humedad que oxígeno. El hotel es lindo pero no tiene aire acondicionado. Toda la energía la usamos en coger, bañarnos, comer y seguir cogiendo. Hace 4 días que estamos en Bangkok. No vimos nada.

Crecí creyendo que coger era lo más importante de la existencia y que la pareja, su fin. En la pareja monogámica me encontré con el sexo más abundante, el más perverso, el más el más tierno, el más sacado y el único que no te deja con un cráter en el alma al día siguiente.

Nos ponemos a ver las fotos porno que saqué del primer polvo. Está hermosa. A ella le da vergüenza. A mí se me para otra vez. Se la vuelvo a meter. No puedo diferenciar sudor de flujo de semen. Todo es un asco. Me encanta. Se la meto. Sin forro. De nuevo.

-¿No estamos haciendo cualquiera?-pregunta

-Te vino en Koh Tao. Hace seis días. Está todo bien.

Ella duda. Yo sigo encima de ella, haciendo lo mío. Se acopla. Arrancamos de nuevo y nos olvidamos de contar los días.

* * *

Buenos Aires, dos meses después

Ella sale del baño con una toalla en la cabeza. Se unta una crema sabor a mango que trajimos de Tailandia. Me gusta mirarla desnuda. Ella se incomoda y me dice que no ponga cara de depravado. Si no fuera tan educada no me gustaría como me gusta. Mi placer es pervertir a la mujer atildada, no a la perversa.

-¿Me parece a mí o te crecieron las tetas?

-Me estoy por indisponer, salamín.

-¿No estarás embarazada?

Viene y me da un beso. Se ríe. Mañana tiene guardia. Se va a dormir a su casa.

* * *

Un par de horas más tarde

YuriSupernova92 es un ruso de San Petersburgo con el que juego, todos los jueves a las 11pm GTM-3, un partido de ajedrez online. Tiene 1302 puntos en el ranking de Chess.com y si hoy le gano, lo paso. Jugamos y nos puteamos por el chat de chess.com. Suena el teléfono. Es ella. Atiendo. A la carrera le digo estoy jugando después te llamo y corto. Vuelve a llamar. Estoy jugando, aclaro enfático.

OK-dice y cuelga.

Termino mi partida y la llamo.

-¿Qué pasa?

-Me hice un Evatest- dice y hace una pausa innecesaria- Dio positivo.

Silencio. Un pequeño temblor sacude la tierra abajo mío. Un mareo. Como un relámpago de falopa que sale desde adentro.

-¿Entonces?

-El Evatest no tiene falsos positivos.

-¿Posta?

-Posta ¿Podés venir a casa?

YuriSupernova92 me desafía a otra partida. No contesto.

-Salgo para allá.

-Igual traete otro Evatest y hacemos la contraprueba.

* * *

Buenos Aires, seis meses antes

Ella y yo sentados en La Puerto Rico de la calle Alsina. Sobre la mesa un par de pocillos de café.

-Quedate tranquilo. Pero el otro día me hice un Evatest.

-¿Por?

-Porque no me venía y quería estar tranquila.

-Pero estamos usando forro.

-La noche que viniste travestido, no.

-Acabé afuera.

-Pero casi acabaste adentro 5 veces. Algo te pudo haber salido.

-Son bajas las probabilidades.

-Igual dio negativo.

Abre la mochila y me da el Evatest. Tiene dos rayitas.

-Dos rayitas es positivo-le aclaro

Ella es una médica brillante, pero para ciertas cosas prácticas no es muy ducha.

-No puede ser.

Lo agarra. Lo mira. Es. Se para de golpe. Va al baño. Me deja solo. A los cinco minutos, vuelve.

-¿Qué pasó?

-Fui a ver si me había venido. Hoy sentí que me estaba por venir.

-¿Y?

-No vi nada.

-¿Estás bien?

-Me quiero ir.

Se mira las manos. Le tiemblan. Me acerco para abrazarla.

-No me toqués.

Siento el rechazo en el esternón. Quiero ayudarla y también quiero romperle la cabeza contra el vidrio de La Puerto Rico de la calle Alsina.

-Vení- le digo.

No me da bola

-Vení- repito y la agarro de la muñeca fuerte.

-¿Qué hacés?

-Vení.

Me la llevo hacia el fondo de La Puerto Rico. A la rastra la meto en el baño de hombres. Nos encierro en un cubículo.

-Sacate el pantalón.

Me mira. No entiende.

-Sacate el pantalón.

Obedece.

Se saca una pierna. Le corro la bombacha.

-¿Qué hacés?

-El Evatest del Futuro.

Le meto un dedo y escarbo. Lo saco manchado. Lo chupo.

-Te vino.

-Pero el Evatest tiene dos rayitas.

Saca la caja. Me da el Evatest. Tiene dos rayitas. Leo el prospecto. “No prestar atención a los resultados una vez transcurridos cinco minutos. Los indicadores se ven alterados por el paso del tiempo”.

Falsa alarma. Salimos del baño. Ella recupera la compostura. Nos sentamos. Sigue temblando.

-Ya está. Ya pasó.

Intenta tomar agua. Le cuesta sostener el vaso.

-No sé por qué el pánico- digo- Es un hijo. No la muerte.

Me mira.

-Yo lo pensé cuando me dejaste solo. Tenemos más de treinta. Mal de plata no estamos. No sé, yo no buscaría un hijo ahora, pero si estuvieras embarazada, me pondría contento.

Me mira. No responde.

-¿Vos no?

-No quiero hablar de esto.

-¿Cuál es el problema? ¿No querés tener hijos?

-Sí.

-¿Entonces?

-…

-No querés tener hijos conmigo.

-¿Podemos hablarlo en otro momento?

-¿Por qué no querés tener hijos conmigo?

-Ahora no.

-Ahora sí.

-No insistas.

-Decí lo que pensás. Total, no estás embarazada.

-Está bien. No quiero tener un hijo con vos.

-¿Por qué?

-Cortala

-¿Por qué?

-No veo una vida con vos.

-¿Y con quién sí la ves?

-No sé. Con alguien menos bardero.

Silencio.

-No te hagas el ofendido. Vos sos el que la va de artista promiscuo, bisexual y perverso que se trasviste y escribe todo lo que hace.

-Bien que te calienta.

-¿Vos querés tener una familia con todas las minas que te calientan?

-…

-Perdón, Juan. No sos la idea que tengo para el padre de mis hijos.

* * *

Buenos Aires, seis meses después

Ella me acaba de dar la noticia. Corto. YuriSupernova92 me putea. Cierro la computadora. Me paro. Camino por la casa. Busco las llaves. Las encuentro. Las dejo. Camino. Doy vueltas. Me meto en el baño. Me ducho. Me seco. Lavo los platos. Barro el piso. Una hora más tarde, salgo. Viene un taxi. No lo paro. Voy a la parada del 29. Me subo. En el colectivo saco un cuaderno y me pongo a escribir todo lo que me pasa por la cabeza. Tengo 31. No soy pobre. Ella es hermosa. Inteligente. Cogemos bien. Me hace reír. Es médica. Le gusta lo que escribo. Va a ser una excelente madre. Me soporta. No tengo excusas.

Ningún recuerdo del episodio de La Puerto Rico me viene a la cabeza. Ni rechazo, ni el Evatest del Futuro, nada.

¿Qué sucedió entre la conversación de la Puerto Rico y hoy? ¿Cómo pasé de darle pánico a futuro padre de su hijo? Entre aquel día y hoy vivimos una eutanasia, dos velorios y tres viajes. Yo publiqué mi primera novela, ella superó su fobia más profunda. Yo me acerqué a mis padres, ella dejó de hablarse con el suyo. Pero pasaron más cosas. Muchas más cosas. Voy a necesitar una novela entera para entender qué pasó.

El 29 llega a destino. Me bajo. Estoy a quince cuadras de su casa. De la nada aparece Gus de la banda Umatics. Está yendo para “La casita de los frascos”. La casa de ella queda para el mismo lado. Le ofrezco llevarlo en taxi.

- Vengo de ensayar con una banda -me cuenta- que se llama “Hija”.

- ¿”Hija”?

- Sí, “Hija”.

No se que más hablamos, yo solo pienso en “Hija”.

Me bajo. Entro al Farmacity. Busco un Evatest para la contraprueba. Son todos iguales. Me doy cuenta de que necesito un cepillo de dientes. Lo busco. Vuelvo. Me voy a comprar desodorante. Vuelvo.

-¿Tenés pastillas para los mosquitos?- pregunto

-Dejá de dar vueltas y andá a verla- dice la cajera con el Evatest en la mano.

Me quedo mirándola. No me molesta que opine de mi vida, sino saber que soy exactamente igual que todos los otros tipos que entran a un Farmacity, compran un Evatest y dan vueltas sin saber qué hacer. Te creés especial mientras hacés tus insignificancias. Cuando la vida irrumpe, sos igual a todos los otros humanos que vinieron antes que vos. Le pago. Salgo. Camino dos cuadras y llego a su casa. Me abre. Nos besamos. La abrazo. Silencio.

-¿Trajiste el Evatest?

Se lo doy. Vamos al baño. Hacemos la contraprueba.

Positivo.

-¿Qué pensás?- me pregunta.

-Yo…

Me trabo. No sale ni una palabra.

-En el colectivo de camino acá escribí algo.

-¿Viniste en colectivo?

-¿Querés escucharlo?

Asiente. Ya es parte de la dinámica de la pareja. Pasa algo. No lo hablamos. Cada uno por su lado escribe lo que piensa y después nos lo leemos. Después de leer, sí, conversamos.

Ella era mi exnovia. Durante ocho años no hablamos. Un día, hace unos meses, escribí un texto sobre ella. Iba a leerlo en un Slam de Poesía Oral, pero no lo hice. Se lo mandé. Es este.

Ayer fui a la casa de mis viejos. La semana pasada la vendieron para irse a vivir a Panamá. Ahora tienen un mes para vender todo lo que hay adentro. Para vaciarla de cosas y de ellos mismos. Va a venir una empresa que se encarga de vender todo. Como una venta de garage yanki, pero más triste.

Aunque hace años que no vivo ahí, todavía quedan cosas mías. En un cajón encontré un sobre color crema. En un lado decía ‘Juan’, escrito con una letra de mujer.

Me acordé del día en que recibí el sobre color crema. Había sido ocho años atrás. Tenía veintiún años. Me estaba bañando y sonó el portero eléctrico. Pensé que podía ser ella. En esa época, cualquier cosa que sonaba podía ser ella.

Terminé de bañarme.

Salí de la ducha un rato más tarde. Cuando estuve vestido, apareció mi madre.

-Era ella. Te dejó un sobre.

Bajé a la calle. Ya no estaba. Había dejado el sobre color crema. Lo abrí. Adentro, dos poemas. El primero, con mi letra. Un poema adolescente que me da vergüenza reproducir, donde dice que me rindo ante ella, que está para siempre perdonada por todo lo que alguna vez hizo y lo que hará. El segundo poema, entre comillas, con la letra de ella.

“Ella se niega siempre a comprender
a oír
ríe para esconder su temor de sí misma
Ha caminado siempre debajo de los arcos de la noche
y por donde ha pasado
ha dejado
la huella de las cosas rotas”

No es de ella. No recuerdo de quién es. Ayer mis viejos me preguntaron qué cosas quería quedarme, qué cosas vender y qué cosas tirar.

-Tiren todo- les dije- Salvo los recuerdos de mi infancia y el sobre color crema.

Nunca leí ese texto en un Slam. Se lo mandé a ella, empezamos a hablar, nos vimos. Ahora es mi novia. Volvió a ser mi novia. Me dejó con un poema. Volvió a verme por un poema. Toda la pareja está marcada por alguna forma de literatura.

Hace unos momentos, se hizo el segundo Evatest. Yo estoy a punto de leerle lo que pienso. Saco mi cuaderno. Me tiemblan las manos, la voz y la vista. Leo.

El rayo de lo que sucede
me parte en dos
Puedo escribir
o desintegrarme

Llevás adentro tuyo
a nuestro hijo
Brea
como magma
como miel
por la cisura de cráneo.
Ahora soy uno

La brea magma miel
funde pecho pulmón y piel
Ahora soy uno

Voy a ser padre
Todo es ser padre

Nunca escribí sobre nada
Todo es para sobre o hacia él

Adentro tuyo ahora
algo más importante que yo
y que él

No puedo seguir siendo un niño.
No conozco otra forma de crecer
que no sea escribir

No planeamos la vida
Somos la vida
Se gesta en tu interior
El heredero del caos

Ella llora y me besa. La beso y lloro. Saca un papel y me lee.

Vivo del lado negro de las cosas
donde todo es una sombra de vidas rotas

Metiste en mí, la célula del no retorno
el existir que no me deja destruirlo todo

Como vivir en el mundo de luz
si llevo ciega
tanto tiempo

Llevame con vos y enseñame
aunque sea a oscuras

Más llanto. Más sonrisas. Más llanto.

***

Buenos Aires, veinte días después

Escribo esta crónica con la noticia un poco más asentada. Vuelvo a leer los poemas del día en que nos convertimos en padres. ¿Son buenos poemas? ¿Tienen calidad? ¿Son realmente poemas? ¿Qué es la poesía? Preguntas imbéciles. La poesía, como el amor, no se define, se reconoce. Escribo porque lo necesito. Amo porque me gusta. La verdadera razón de mi literatura es que ella siga enamorada. Cuento historias para crear el mito fundante de nuestra familia. Para entender quién soy, quién es ella. Para que sigamos juntos. Porque necesito decirle al mundo, a ella y a los rincones oscuros de mí mismo, que este es el camino que elegimos. Que está bien lo que hacemos.

No puedo dejar de mirar la primera hinchazón de su panza y pensar que hace menos de dos años estaba enterrando a su novio. Que mientras lo hacía, su padre decidía dejar de hablarle. Que desde que me enteré de que voy a ser padre, soy más feliz. Que derrotamos al vacío, a la oscuridad y la muerte. Cogiendo y escribiendo, amando y leyendo, negándonos a morir con nuestro cuerpo.

Mi fantasía de la paternidad era algo así: yo, a los 40, más gordo, más pelado, más cansado y más cínico, recibo el llamado de una mujer, diez años más joven que yo, de la que no estoy enamorado y que es, a todas luces, una versión deslucida de Ella. Me dice que está embarazada y yo lo acepto y me hago cargo. Vivo con esta mujer un tiempo, después me separo. Soy un buen padre, pero me reprocho no haberlo hecho diez años atrás, con Ella. La paternidad como resignación.

Ahora, a los 31, hablo con gente que piensa que lo que estamos haciendo, tener un hijo, tenerlo así, no es serio. Al mismo tiempo, siento que es lo mejor que podría haber hecho con mi vida. Un hijo que no nace de un plan, sino del deseo irrefrenable y constante de estar con una mujer. De la imposibilidad de contenerme, de las ganas imparables de coger, de estar adentro de otro cuerpo. No es serio. Es animal. Es la especie diciéndome qué lugar tengo que ocupar en el mundo. Acá, con ella, junto a la panza que crece y destruye, de una vez por todas, mi adolescencia tardía.

Juan Sklar es escritor, poeta, guionista y docente. Coordina El cuaderno Azul, un taller para dejar de poner excusas y largarse a escribir

Costhanzo es ilustrador argentino http://costhanzo.com  Siempre fué mainstream, pero con amor

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