Juan Xiet es un universo de cosas sucediéndose continuamente. Transitar una noche al lado suyo es una de las maneras de entender cómo vive uno de los poetas y movilizadores culturales más significativos, intensos e interesantes de, por lo menos, esta última década.

Entonces son las diez de la noche. En la mesa estamos sentadas: dos compañeras suyas del Emergente Bar que se ríen por cada persona que se incorpora a la “mesa de trabajo” que se inició hace una hora atrás y aún no ha podido concluir nada; una chica con su novio, que está en una entrevista de trabajo, o proponiéndole un trabajo o algo; Martin Parede, un escultor que trabaja en las noches del Rockelin, espacio de los miércoles en el Emergente y que nos convida cerveza, Juan y yo.

Este es uno de los lugares de trabajo de Xiet: caótico, voraginoso, con una inexplicable cantidad de ventanas abiertas; como si fuera un Chrome saturado de miles de pestañas. Mira y selecciona este momento, por un segundo todo se silencia y le pregunto ¿por qué escribís? En ningún otro lugar del Cosmos, al menos en esta dimensión, soy tan libre como cuando escribo, y la poesía es la manera en la cual transito esta instancia en este efímero momento de la existencia”

***

Los primeros poemas de Juan se escapan por entre las sábanas del cuarto de su madre, su cuarto.

Hijo de una mujer entrada en años y un padre que existió para enseñarle únicamente a no ser él, vivió su infancia junto a su abuelo y su madre en un departamento chico del barrio de Monserrat.

“Alrededor de los 9 años empecé a ser noctámbulo, estaba muchaDSC_0071s horas despierto mientras mi mamá roncaba al lado. Tenía mucho miedo porque ella no quería que durmiera con la luz prendida y me costaba dormir. Eventualmente empecé a acostarme con una hoja al lado de la cabeza y una birome; cerraba los ojos y escribía. Después, al otro día lo pseudo-editaba” 

Una suerte de juego con el automatismo psíquico mediante el cual los monstruos, los miedos, las angustias se perdían entre las letras, las imágenes y los relatos que iba creando. ‘Un paisaje total, con el clima, los accidentes, las tormentas, las explosiones de esa zona del espíritu que ningún mecanismo especulativo puede dar a conocer en toda su belleza y violencia primitiva, en su grandeza y esplendor original.’[1] El pequeño Juan ya experimentaba con el surrealismo, aún sin saberlo.

[1] Pellegrini, Aldo. Antología de la poesía Surrealista” ( Buenos Aires, 1961)

***

Son los ’90. El punk, el menemato, la resistencia, la exclusión, las fiestas, las drogas. Juan sigue escribiendo. No puede dejar de hacerlo. Es un “púber hardcore”; tiene una banda de punk rock con amigos: “Willy Tanner” se llama. Él es bajista y escritor de las letras. El proyecto no dura mucho, la banda se descompone, y sin embargo Xiet no puede dejar de escribir.

La calle, las noches, las bandas, los trabajos, su cabeza, sus hambres, todo lo vomita en forma de imágenes y sucesos que se acumulan unos sobre otros en hojas. No sabe exactamente qué escribe, qué son esas hojas que se apilan sobre las mesas. Hasta los 20 años su máxima aproximación literaria es algún texto de Shakespeare.

Un mediodía de domingo una frase surca su mente como una daga afilada, atraviesa el cráneo y se fija en lo más sensible de su hipotálamo: “Ojalá llegue el día en que una vez adivinada, la esfinge se arroje al mar.” Es Bretón y abre en Juan un nuevo horizonte de sucesos.

“La leí en internet, en la recepción del Hotel Savoy, completamente pos-pasti.” Es el 2002. Tiene un saco con 6 botones dorados, un reborde del mismo color, un moño y una chapa que indica su nombre. Trabaja como botones en el hotel de Congreso.

Recién comenzaba expandirse internet y los domingos, mientras no estaban los jefes, Juan aprovechaba para navegar un poco desde la computadora de la recepción. Así es que llega a un foro que se llamaba Insected, “hecho por unos drogados, limados hermosos”. Dentro de esa página existía un foro de poesía; un foro de poesía dentro de una movida claver, de pasti y música electrónica. Ese foro, que había sido creado por Javito Poemuffin de Flor (Juan no recuerda exactamente el nombre), es el que se terminó convirtiendo en la página Poesía Urbana.

Es ahí, en ese foro, donde lee la frase y entra en shock. “Entonces voy a la puerta con el portero que es africano y que a su vez es el actor Habou Diarra que hizo de Mukenio con Mariana Fabbiani, y grito la frase. “No entendí un carajo”, me respondió Habou. Ese hotel fue el mismo donde tuve mi primera relación homosexual.”

Esa poesía, ese foro y esa persona no sólo significaron el primer contacto con la poesía para Juan Xiet, haciéndolo descubrir que lo que él venía haciendo era eso mismo que leía ahí; no sólo significaron el primer contacto con el surrealismo, aunque él lo viviera/hiciera desde su infancia; significaron además de todo eso, la chispa inicial de Poesía Urbana, una página armada por Juan y Javito, que se proponía reunir a todas las personas que estuvieran escribiendo, leyendo o interesados en la poesía. La idea era captar gente que estuviera en webs relacionadas con el arte y sacarla a la calle. Esa página llegó a superar en usuarios a la página de drogas, siendo esto un ícono dentro de la poesía de culto, un hito en la historia, como exclama Juan.

Cuando la página llegó a tener 7000 usuarios, se preguntaron por qué lo virtual únicamente y no la carne. Vieron a su alrededor y no había nada. “Entonces se nos ocurrió la fabulosa idea de hacer los Encuentros Urbanos cortando la calle, poniendo un escenario. Al hacer eso fue que nos relacionamos con otras personas como Matías Reck, Eze Ábalos de La Tribu, Marta Minujín, Pablo Strucchi, y eso fue un poco el feto de la FLIA (Feria del Libro Independiente y A).”

Esos encuentros, que cada vez se fueron haciendo más grandes y convocantes, fueron también los primeros escenarios para Juan.

“La primera vez que leí poesía en vivo estaba totalmDSC_0064ente aterrado, o sea, tenía algo, un pánico tan raro, tan extraño, tan inédito que hizo que mi cerebro intercambie un nuevo cierto tipo de sustancia que nunca había sentido. Un stress totalmente hermoso, un stress placentero. Me temblaban las manos y lloré, fue como un bautismo de fuego.”

Esos Encuentros Urbanos eran “llamados a escuchar poesía para mucha gente, mucho público (podían ser hasta 400 personas)” y, explica Xiet, era necesario encontrar la manera de ponerle el pecho a esa situación, “había que pasar de una poesía más de habitación a una interpretación más corporal, como para que se entienda que está sucediendo poesía aunque el testigo no te esté escuchando. Había que gesticular, estar.”

En esa época conoció Ser o no Res, grupo de poesía performática de Dani Andujar, quien se convirtió en una de las principales influencias en lo que significó pasar de recitar poesía a interpretarla poéticamente en un escenario.

La escritura de Juan fue cobrando más identidad y en ese momento, todo lo que ve, vive, huele, aspira y respira lo convierte en poesía. “Fue muy paralela mi investigación con las drogas, como lo llamo ahora, a mi persona que accede a que existe la poesía. Empecé a pensar cosas nuevas. Cuando empezás a consumir drogas nuevas ya no pensás como antes, es como las serpientes que mudan la piel, ya no sos el mismo Juan y eso fue definiendo un poco todo.”

En 2008 inicia con Metástasis (Milena Caserola) la trilogía de novelas que se completa con Ataque de pánico (Nulú Bonsai, 2008) y Crematorio (Nulú Bonsai, 2013). La particularidad de estas obras, escritas en prosa poética de realismo sucio, como lo define Juan, es que llegan a quienes las leemos directo desde lo más profundo de los estados más exasperantes de su ser. Con la sincera brutalidad, casi morbosa que lo amerita. Están así lanzados los textos, sin corrección. Sebastián Goyeneche, editor de Nulú Bonsai, eventualmente ha corregido alguno, acota Juan, pero están así, como salieron. “En general sale primero el título del libro. Ese título logra definir una etapa de la vida que estoy transitando y de alguna manera hay ciertos textos producidos en esa etapa que tienen relación a ese título y que forman parte automáticamente de la obra que engloba el título de esta etapa.” Desde el primer libro de esta trilogía, Juan nos sumerge sin piedad y sin anestesia en la sordidez de sus presentes; desnuda su mente, que después de consumir tanta cocaína no puede quedarse dentro de los límites de su cráneo; desnuda cada momento a punto de colapsar, cada colapso. Exorciza necrofilias, convida ataques de pánico y huye de ellos con la misma prosa con que nos cuenta sobre su madre, su abuelo y sus experiencias sexuales en las calles más oscuras que Constitución pueda proporcionarnos.

Y a pesar de que parezca que esos textos brotaban de los lugares más angustiantes, Juan reconoce que ahora está escribiendo desde el yo más desesperado de todos, que se encuentra en una lucha por no perder el entramado poético de lo que escribe. “Antes escribía otro tipo de poesía y ahora no puedo escribir eso. Eran más abstractas, más figurativas, con tintes surrealistas, pero ahora no puedo escribir desde ahí porque no me sale, estoy en una etapa más narrativa. Buscar por qué me pasa lo que me pasa y que a su vez no me pasan tantas cosas negativas. Estoy en una etapa post-casi-muerte-cuando-era-dealer, en una situación en que todo me sonríe. No tengo mucho de que quejarme. Al principio me hacía falta el lugar de obscuridad para escribir, pero me fui dando cuenta de que puedo investigar otros aspectos de mi psiquis, y empecé a escribir una novela en la que no estoy yo de protagonista, sino que es otro yo, con otro nombre. Hasta ahora no me había separado del yo narrativamente, aunque si poéticamente.”

Entre tantas historias, entre tantos cargos y títulos, Juan además cuenta con el título de Campeón de la copa FILBA en el Slam de octubre del 2013. Hasta ese momento sólo acumulaba algunas copas de campeonatos de fútbol y nada más. Bromea al respecto, pero destaca inmediatamente que para él el Slam fue lo mejor que le pasó a la poesía joven contemporánea. “Fue realmente un aire fresco. Sebakis codificó la ‘‘necesidad imperante’’ de organizar la poesía y actuar como faro. Si bien nosotros antes del Slam invitábamos a poetas a leer en eventos donde había otras cosas, de alguna manera él y todos los que organizan pudieron conformar una estructura de la cual me siento parte pseudo activa, que está formando más escritores. Se parte desde una base de humor, no se trata de competir a ver quién es el mejor sino que la competencia es siempre con uno mismo; es, por lo menos para mí, contra mí mismo, a ver si en 3 minutos 20 puedo interpretar un texto poético del cual yo me quede satisfecho, que yo esté contento con eso.”

Y en todo este recorrido, recién ahora es que Juan puede DSC_0058decir que sí, que se considera un poeta y que esa consideración viene de una rutina diaria constante de percibir la poesía de las cosas. “Cuando vos vas caminando, que cruzas una plaza, si estás abierto y despierto al entorno, te vas a cruzar con infinidad de instancias poéticas. Un tipo de 89 años decidiendo comer con su alfil el caballo contrario de otro viejo de 89 años, en una plaza un domingo a las 11 de la mañana, es una poesía en sí misma. La exposición constante a entender así el mundo me convierte en poeta, al margen de si escribo o no y cualquier persona que considere los aspectos poéticos de la vida y esté despierta a tales efectos también puede considerarse poeta.”

Y es así. Lo maravilloso de escuchar a Xiet es que en todo encuentra poesía; incluso, o especialmente, en las instancias más sórdidas y angustiantes, a las que escribe y recita con una carga de ironía tan precisa y tan exacta que las convierte en una instancia de humor. Y de todos los valores -afirma Breton- el humor es, sin lugar a dudas, la característica más específica de la sensibilidad moderna. Revela la máxima acción corrosiva del espíritu sobre la máscara de un mundo artificioso, y puede decirse, que en una u otra forma no hay texto poético auténticamente surrealista que no lo contenga.

Comentarios

comentario(s)