Daniela Andujar es una poeta multifacética y perfomer, que desde hace más de veinte años habita distintos espacios del mundo y del lenguaje. En uno de esos ratos en los que la podemos encontrar en Buenos Aires, nos juntamos con ella para viajar por su propio mundo.

 

Mientras se calienta el agua para tomar unos mates en su casa, esa de las calles Muñecas y Thames por dónde camina la “diosa griega mad max” que aparece en uno de sus poemas, Dani busca y pone el disco ‘A Brasil con amor’. Mientras suena, baila y va traduciendo las letras de las canciones en simultáneo. Hace más de veinte años, nos cuenta, incorporó la cultura brasilera a su sangre y su arte.

Cuando estaba terminando el magisterio un novio le regaló ese disco, y en la búsqueda de entender las letras, aprendió Portugués. También fue en esa búsqueda que viajó a Brasil y aún hoy vive intermitentemente entre ambos países. Es que la búsqueda, la pregunta, funcionan como la manera de aprendizaje para esta artista que le rehúsa a las instituciones. (A los 6 años abandonó la Escuela Municipal de Danza porque no toleraba que pegaran reglazos en las piernas). Y no es por simple rebeldía. Para una persona que vive en un espíritu de libertad cómo lo hace Daniela, el haber crecido atravesada por la última dictadura militar le implicó necesariamente romper con las instituciones, encontrar y crear espacios de libertad.

El arte como refugio, la calle como escenario y los viajes como  puntos de fuga: todas aparecen como respuesta a esa búsqueda intrínseca de libertad. Búsqueda que es posible encontrar como piedra fundamental en toda su poesía.

***

Daniela Andujar creció en una casa en Castelar junto a su madre, su padre y su hermana. De ellos aprendió las primeras cosas que le permitieron tener esa búsqueda de libertar

Su padre mantuvo siempre la premisa del  “y… ¿Por qué no?”, una frase que funciona como mantra (durante la entrevista y su vida); una construcción que evoca la infinidad de posibilidades de hacer, la ausencia de límites puestos a priori. Es parte de la fuerza arrolladora que mueve a Daniela por el mundo de sus creaciones, que van desde mezclar rap con poesía, a construir instrumentos con bidones encontrados en la basura.

“Mi papa trabajó desde niño y creció un montón, pero no lo digo porque haya llegado a tener una empresa (estalla en risas). Hacer un camino propio, en su caso, era confiar: ¿Y, por qué no? Mi viejo era esta cosa de y por qué no hacerlo, probémoslo. Era sumamente moralista, machista, inteligente y apasionado por la historia y la libertad, según él la entendía; se forjó a sí mismo y nos forzó a forjarnos a todos en esos términos. Nos mandaba a una escuela católica, cuando los dos eran ateos. De niña yo le discutía al cura: yo no voy a rezar, no voy a cantar el padre nuestro, y él estaba orgulloso de que le respondiéramos así a los curas, los llamaba cuervos.”

Su madre fue quien le transfirió o contagió la pasión por la libertad y por viajar.

“Mi mama es particularmente una persona muy libre, muy evolucionada, muy sensible, muy imaginativa. Amante de todo, del teatro, de la literatura, de la música; y lo es desde un lugar que te preguntás ¿quién o qué incentivó a esta mina, viviendo así, tan duramente? Es especial, ella quería ser camionera, porque tenía la fantasía de viajar.”

[La historia contará que la madre nunca llegó a ser camionera, pero sí que viajó en camiones a dedo por Brasil, mientras la visitaba a Dani cuando ella vivía allá.]

***

Hay ciertas preguntas que pueden hallar respuesta en esa mezcla que aparece entre herencia cultural propia de una familia y su información genética; esas cosas que viajan cifradas entre la sangre y las historias, los recuerdos y las celdas de información en el AND. Quién sabe de dónde nos aparecen ciertas cosas, pero cuando le preguntamos a Daniela sobre sus primeros encuentros con la poesía, evoca el recuerdo de su abuela, la mamá de sus papá “española ella, y que sólo llegó hasta 3º grado”. Cuenta que ella decía que bajaban los espíritus y –a partir de lo que le transferirían- escribía poemas, cosas rimbombantes a rima.”

En su casa se cultivó siempre el arte, pero no desde las disciplinas artísticas, sino como medio de celebración, de festejo, de transformar lo monótono. “Siempre se cantó, siempre se cantaba, se hacían rondas y todas las tias tocaban algo de oído, también había uno u otro que recitaba algo, o sea la voz  era algo con lo que jugábamos, era parte de lo cotidiano”

“Ellos (la madre y el padre) escriben, pero por el gusto de escribir; no es que escriban cuentos o historias, pero escribían y le ponían una cosa poética, algo más volada”

***

La danza y la poesía son dos expresiones artísticas que la habitaron desde siempre y que se conjugan, fusionan y exploran continuamente en su obra.

A los 16 años retomó su formación en danza, pero ya no clásica, sino en una técnica más en sintonía con su espíritu: Graham. Esta es la única técnica de danza moderna que tiene un lenguaje propio, codificado para expresar todo el abanico de las emociones humanas.

“Martha Graham lo que hace es tomar la sabiduría del Tai Chi y de la singularidad de cada espíritu bailarín, llevado por el movimiento. Trabaja con la energía básica que es la sexual, como motor y lo que marca el ritmo es la respiración.”

Ese movimiento, en el caso de Andujar, se traduce casi que con literalidad a su poesía. Vital, vibrante, visceral las palabras en sus textos llevan impresas el ritmo de la respiración con que fueron gestados. Su poesía, tal como ella la nombra, es cardíaca.

“Todavía estaba la dictadura cuando íbamos a la Casa de cultura de Ramos Mejía, entonces todo, absolutamente todo espacio donde había libertad, donde se podía respirar, era si o si puntiagudo, tajante, era abridor y muy fundamental; no era más o menos, nada era más o menos. Ahí conocí a un pibe que era un excelentísimo bailarín, y que estaba completamente loco. El pibe en medio de la clase se ponía a recitar Nietzsche.”

Es en este grupo de danza donde Daniela ve por primera vez a la poesía saltar del papel y  volverse, no sólo palabra sino también cuerpo. A partir de esta experiencia,  la danza se convirtió en un componente natural de su expresión poética.

Paradójicamente, su primera vez recitando fue sin danza, sin performatividad y en un atrio. Fue invitada a un bar en San Telmo, “uno que se llamaba El gato o Los gatos”, donde leyó frente a un público ajeno y distante. “Me tomé una ginebra y todo era tan agreta que recité una sola cosa y me bajé. Lo raro es que me vinieron a felicitar”  Del texto que leyó recuerda que era “bien tremendo, pero siempre con una salida, una bofetada, una respuesta o posibilidad de respuesta”.

 

Era un momento particular para las expresiones artísticas; la brutal represión, el control y la persecución caían sobre una etapa de liberación, liberación que era política, sexual y afectiva. “La dictadura vino a romper un espirito común, de celebración que  existía  y de compromiso con la vida y con los demás”. Con este “grupo de gente,danza anarca”, cómo los llamó ella, la experimentación libre con el arte era un modo de resistencia.

“En ese grupo recitaban Vinícius de Moraes en medio del bailes, pero no es que estudiáramos Stanislavski, muchas cosas surgían de nuestra propia exploración. Buscábamos vivir todo como un hecho poético, convertirlo en una vivencia extraordinaria.”

Se acercaba el año 83 y no había lugares especiales donde presentarse, actuar, construirse. De la Casa Cultural lo habrían echado y donde podían compartir lo suyo era en la plaza de Ramos Mejía o durante la peña de los gauchos. “El Parakultural quedaba lejos para una chica que vivía en Castelar y tenía que combinar trenes y colectivos a la madrugada. Ahora también es difícil, pero en ese momento era muy oscuro todo”.

***

La búsqueda de libertad y la necesidad de estar en contacto con nuevas experiencias llevaron a Andujar a Italia con apenas 100 dólares en sus bolsillos. Sin saber ni una palabra de italiano, aprendió a vivir y trabajar en la calle; los senegaleses que trabajaban en plaza  le enseñaron los códigos para manejarse con la polizia.

Apenas volvió a Buenos Aires, salió en una nueva búsqueda: Brasil, ese país al cual le dedicaron el disco con el que ella aprendió portugués fue su siguiente destino y hogar. Allí encontró una tierra en la cual sembrarse, tierra en la que asegura que vivió en alguna vida antepasada.

“A esa altura, aunque ahora también, era imparable; estaba buscando, me agobiaba mucho la idea del sistema, entonces el mismo agobio me dio la nafta y la fuerza para buscar el camino propio”.

Llegó con el chico con el que estaba, a dedo y sin documentos, a Salvador de Bahía, donde se instalaron.

“Vivíamos en el estado musical más puro, todo el tiempo había música haciéndose allí; tambores, birimbaos, todo tipo de orquestas, baterías enormes de músicos en plena calle. Todos esos ritmos se nos fueron  inoculando, yo empecé a tocar con una banda de mujeres negras. Empezamos a combinar las poesías con raps. Todas cosas que fueron surgiendo ahí tenían que ver con ese ritmo que se nos metía. Por ejemplo, Dengue (su canción-poema)”.

Es en este momento cuando Andujar empieza a armar de manera más consciente sus perfos. Es el momento en el cual comenzó a agregar vestuarios, construir esas coronas y collares con los que se la puede ver en sus recitales.

Algo de la manera en la que se concebía el arte en Bahía es lo que se le inocula en su ser y termina de conformar esa expresión artística que se puede ver en cada presentación Andujar.

“Es una cultura popular, una tradición riquísima tanto indígena como de las diferentes naciones africanas, donde entienden a toda la vida como hecho artístico. El arte no existe como cosa ahí afuera, la religión, la comida, el encuentro con la música, todo es un acontecimiento colectivo, circular y por ende público. La vida, esencialmente en Salvador es pública, con sus máximas expresiones en el carnaval; todo es en la calle, el ensayo, la vida, no hay adentro.”

 

Algo presente en las palabras de Daniela es la exaltación de los sentidos, de las percepciones; una exaltación que configura una inmensa vitalidad que se contagia a través de sus poemas.

“Soy muy insistente con el tema de la vitalidad porque creo que lo vivenciable es lo que modifica, transforma”.

Y eso vivenciable no solo aparece de manera absoluta en la palabra impresa, al menos para alguien que baila y hace bailar a las palabras. Ponerle voz y cuerpo a la poesía se vuelve fundamental.

“Solamente a través de ese nosotros, que me encanta recuperar en un recital, creo que toda vida es posible” La palabra en vivo, danzada, actuada, cantada, rapeada, desarticulada gana esa posibilidad de experimentar comunión, comunión a través de la poesía, de la mirada, del cuerpo, todas los vestuarios que se va poniendo.

Y así como en la técnica de danza Graham el movimiento aparece con la respiración, los elementos escénicos que utiliza Daniela también aparecen con la respiración, pero esa que es poética, que es propia y le da vida a un poema.

“Si sirven o no los elementos que uso, que me pongo, no lo determino yo, lo crea la circunstancia, y siempre es una apuesta a la imaginación, un apelo a otras cosas que ni yo sé de qué se trata; me rige un inconsistente mucho más sabio que la pretensión de querer decir tal o cual cosa.”

“Cuando recito, la poesía gana una acentuación o una musicalidad que espero que tenga cuando está escrita. Pero esencialmente, recitar es siempre una fiesta en común y eso también es lo que espero cuando alguien ofrece su decir o sus canciones.”

 

***

Viajando o instalada en alguna ciudad, Andujar escribe casi todos los días, sobre todo a la mañana o después de una siesta “cuando la cabeza está descansada”. Sin embargo sólo tiene dos libros editados y un disco (Dengue -2009-; Diosas en la Vereda, con Veroka -2015-; y Ser o no Res), aunque tenga más de 3 libros armados. “Está ‘Manual para abolir la ley de gravedad’, tengo otro que se llama ‘Furia’ otro que estoy pensando ‘Flor de marte’ y todos llenos, tengo mucho, mucho, a veces me agobio, es un torrente, es constante, no todo, pero no importa porque eso deriva después en otros poemas.”

Su producción actual está vinculada, cuenta, a un adentro que está cultivando desde hace poco tiempo. Por más de 20 años, su poesía reflejó los distintos afueras, desde donde se creaba. Estaba inmersa en un continuo movimiento, en una continua búsqueda. “Pero hay una afirmación también y eso es lo que tenés que descubrir,  qué vas a afirmar. En esa instancia estoy ahora”.

Es también desde este adentro como ella lo llama, donde puede reflexionar sobre su propia poesía.

“¿La poesía? El otro día encontré una cosa que había escrito hace tiempo,  ‘La poesía sirve para recordar que el game no está over’ y hay una frase que me encanta de Manuel de Barros que dice ‘La poesía es volar fuera del ala’.
Yo creo que es la total posibilidad de invención, con alfabeto o sin alfabeto”.  En su propia invención, Dani Anduja  usa las palabras, los gestos, las furias y los gritos  como “una alfombra mágica, maravillosa y  misteriosa”, con la cual nos hace viajar.

Comentarios

comentario(s)