A: Los estribillos son uno de los trucos más viejos del libro.

Los estribillos son uno de los trucos más viejos del libro para facilitar la comprensión del poema. La interpretación de un poema debería ser clara en una primera vista. No digo que de una sola escucha podamos comprender y deducir de pé a pá la totalidad del poema – pero si tenemos un mensaje clave que compartir y el público no consigue captarlo luego del esfuerzo escénico del poeta, estamos ante un conflicto. Ser complejo no significa ser retorcido, y ser nítido no significa ser blando. Podemos exigir que se estire la atención del público; pero en el trato, tenemos que dar algo a cambio. El corazón del texto puede compartirse en unos breves versos que se repiten: el estribillo.

Los estribillos son uno de los trucos más viejos del libro para que el poema cale hondo en su interpretación. La repetición de un grupo de versos de forma cíclica y pautada permite marcar un ritmo estructural. Facilita al público el trabajo de lectura del poema pues da tiempo a que se reinterpreten las estrofas ya oídas a partir de la valiosa sentencia coreada.

Los estribillos son uno de los trucos más viejos del libro para que el poema sea fácil de recordar. Simplifica al poeta el trabajo de memorización. Incluso la escritura se ve facilitada porque delimita el desarrollo (sea descripción o acción, trama o estancamiento) al cuerpo de las estrofas. El uso más básico del estribillo (estrofa, estribillo, estrofa, estribillo, y así) propone de cada estrofa un nuevo núcleo cuyo remate obligará a poeta y público a celebrar en conjunto el nacimiento del coro una vez más.

Los estribillos son uno de los trucos más viejos del libro para que el poema genere empatía con el público. Si es conciso y fácil, será fácilmente aprendido. A la segunda vez que se recita los más atentos podrán acompañar con un tímido murmullo, para terminar vociferándolo en la quinta o sexta vez que aparece. (si están gozando compenetrados y gustan levantar su bebida al ritmo del verso).

Los estribillos son uno de los trucos más viejos del libro para que el poema quede en la memoria luego de su ejecución. No es casualidad que la canción pop ponga techo a su éxito de acuerdo con lo acertado de su estribillo. “Qué copado el corito”. “Me encantó el poema ese, el que leyó el segundo, ese el de ‘Poderoso caballero / es don Dinero’, ¿no está bueno?”.

Los estribillos son uno de los trucos más viejos del libro para que el poema transite distintas emociones y recorra con comodidad los paisajes verbales que se presentan. En especial a la hora de interpretar, es muy valioso el uso de los estribillos: dado lo predecible de su aparición, nos brinda libertad para explotar variables no verbales, como tonos de voz, niveles, pausas, etc. Hacen a la construcción del enunciador.

El estribillo es un recurso bastante antiguo, pero tremendamente útil. Por ejemplo, en este caso armé una serie de elementos similares en posiciones idénticas, de modo que la ruptura más mínima (en este caso solo quebré con la forma pero no con el sentido) salta a la vista del oyente.

B: Fuera de broma, no subestimemos al estribillo.

Lo digo en serio, a no subestimarlo. Realmente puede ser la barca que lleve el mensaje al otro lado. La primera vez que leí en una radio me recomendaron repetir los versos que me parecieran más importantes, como si en esa insistencia residiera el éxito o fracaso de la comunicación.

Hay un bosque, a cuatro o cinco horas al suroeste de Shangai, un bosque de bambú. A veces imagino que (vistos a una distancia considerable) todos los poemas del mundo son cañas en ese bosque. No hay dos iguales / se parecen tanto. Distintos poemas usan el estribillo de formas diferentes. Sirven para efectos diversos. Como ellos mismos.

Poe era un genio. Entre mis sueños más desorbitados está el de darle al mundo una milésima del disfrute que él inventó. En Filosofía de la composición explica cómo fueron los pasos a seguir para escribir “El Cuervo”. Lo clínico de su metodología lo hace parecer una humorada posterior a la real escritura. Saber si es un paso-a-paso verídico o un mero chiste excede mis conocimientos. En todo caso, la explicación destinada al muy conocido “Nevermore” vale la pena para tener en cuenta toda escritura de coro. Básicamente se pregunta cómo quiere que suene, con qué tono, en dónde se ubica, qué tendría que decir, cómo influye o se relaciona con el resto del texto… en fin, una disección finísima, un trabajo arduo que vale la pena hacer: pues es la clave del poema en su totalidad.

El mejor resultado tras la búsqueda internáutica correspondiente es el libro “Cuestiones Métricas. La Rima y el Estribillo”, de Clara Isabel Martínez Cantón. Aún siendo incapaz de leer más allá de la preview que ofrece Google, se aprecia el trabajo exhaustivo de análisis de origen y del desarrollo de distintos tipos de estribillo, principalmente en el siglo XX. Me consta que poca gente se toma el trabajo de ir a buscar la fuente que uno cita – y más aún cuando el interés es de uso concreto y puesta en práctica. Al margen de cuán bueno sea el trabajo de Martínez Cantón como investigadora, compiladora, o lo que sea, aproveché el entusiasmo que me generó lo que pispeé de su libro y armé unas pequeñas propuestas, algunas derivadas de ejemplos suyos. Si algún día leés esto, gracias “Clara Isabel”.

C: Ejercicios obvios y no tanto para afilar el coro

1.-  El primer acercamiento a un estribillo lo podemos hacer bien obvio: mantenerlo constante y ubicarlo luego de cada estrofa. Pensemos en esa pieza colosal de Néstor Perlongher, “Hay cadáveres”. Ahora, sin pretender hacer algo así, juguemos a repetir siempre igual al final o comienzo de cada estrofa alguna frase que nos interese. Mi propuesta más tonta: “Esa casa era tremenda”. Describamos las habitaciones una a una, o la gente que allí ha vivido, contemos historias sobre la casa, y concluyamos cada vez con nuestro estribillo. Como se suman las estrofas pero el coro permanece constante, se siente un aglutinamiento semántico.

2.- Presentemos el estribillo al comienzo del poema y retomémoslo únicamente al final. ¿Cómo ha variado su carga emocional? En “Las gentes iban”, nuestro muy amado Federico García Lorca abre el juego con “Las gentes iban / y el otoño venía”. Luego propone dos estrofas largas, ambas iniciadas con “Las gentes / iban a lo verde”, podríamos decir que variando el estribillo. Pero lo que nos importa acá es que el poema vuelve al punto inicial, los dos versos clave, “Las gentes iban / y el otoño venía”, y ese reencuentro es una nueva comprensión de la apertura. Hermoso – acierta justo en el tono melancólico. Cópense con esta estructura y fíjense si pueden, entre inicio y final, desplazarse entre dos emociones muy diferentes usando las mismas palabras.

3.- Este ejemplo me lo regaló “Clara Isabel”, y es otro de Lorca. “La cogida y la muerte”. Dice algo así:

Eran las cinco en punto de la tarde.

Un niño trajo la blanca sábana

a las cinco de la tarde.

Una espuerta de cal ya prevenida

a las cinco de la tarde.

Lo demás era muerte y sólo muerte

a las cinco de la tarde.

Y después el poema sigue y sigue y sigue y sí, adivinaron, hasta el final intercala verso y estribillo, verso y estribillo, hasta cerquita del final cuando el estribillo hace climax. No tengo ni idea de cuán potable sería esta estructura en vivo y en directo, si se sentiría pesada o por el contrario crearía una atmósfera de tensión. Lo que sí sé es que hay que probarlo.

4.- Siguiendo con Lorca, en la “Gacela del amor que no se deja ver” (chequeen todas las Gacelas en “Diván del Tamarit”, no se van a arrepentir) se dan dos tipos de repeticiones que podríamos no entender como estribillos. En todo caso, en las estrofas 1, 3, y 5 la estructura mantiene el núcleo “Solamente por oír / la campana de la Vela” pero varía el final. En las estrofas 2 y 4, se comienza por “Granada era” y desde ahí cambia. “Clara Isabel” dice en algún lugar que hay un territorio gris entre el estribillo y el uso complejo de la anáfora. Yo digo “querido lector, pruebe lo siguiente: presente el estribillo como núcleo_inmutable + modificador variable, y así ganará lo mejor de ambos mundos”.

5.- Ahora sí, nada que ver. Escribí una cuarteta, A-B-C-D, los versos que se te canten. Eso será tu estribillo. Ubicalos al comienzo del poema. Ahora partilos: la segunda estrofa de tu poema será otra cuarteta, el último verso será el verso A. La tercera estrofa de tu poema será otra cuarteta, el último verso será el verso B. Adivinaste, hacé lo mismo con las próximas dos estrofas. Podés volver a terminar con el estribillo entero, como salida fácil para un poema de estructura super hermética.

6.- “Clara Isabel” habla del “estribillo alterno” y ejemplifica con el juego de Lorca “Ribereñas”, que es super infantil y alterna “balalín” y “balalán” (Aunque gracias a la puntuación varía -quiero creer- sus entonaciones). El estribillo tiene dos formas, parecidas pero diferentes, que se alternan a la hora de aparecer. Pasa lo mismo en “Baladilla de los tres ríos”, que además construye un mecanismo muy preciso entre las rimas de las estrofas y el coro.

7.- Imagínense lo siguiente: cada vez que llega el estribillo se suma un elemento nuevo a la estructura que lo compone. “Sal de ahí chivita chivita” funciona así, básicamente. Les propongo apreciar lo útil que puede resultar ese recurso para construir un arco dramático que empuje adelante la acción.

8.- ¿Y qué tal pensar el estribillo principalmente como una cualidad sonora? Al margen de los sonidos que podríamos provocar, o las onomatopeyas que producir, visualicen este ejercicio: mantenemos constantes las consonantes y modificamos solo las vocales. Cae el poder semántico y lo que queda es de orden rítmico y extra-verbal. Lo inmediato que me viene a la mente es “La cereza siente pena”. Ok, la primera vez que aprece podrá ser “La zaraza saanta pana”, luego “Le cerece seente pene”, “li zirici siinti pini”, “lo zorozo soonto pono”, “lu zuruzu suuntu punu”, y luego volver a la normalidad. Yo sé, no está a la altura del limerick más básico, pero ¡EY!, esto se trata de ejercitar y laburarlo hasta dar con el filón.

 

 

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